expr:dir='data:blog.languageDirection' xmlns='http://www.w3.org/1999/xhtml' xmlns:b='http://www.google.com/2005/gml/b' xmlns:data='http://www.google.com/2005/gml/data' xmlns:expr='http://www.google.com/2005/gml/expr'> “Inventan mentiras para no meter preso al que mató a Rafita por la espalda” ~ Mensajero Digital

pino

pino

domingo, 7 de octubre de 2018

“Inventan mentiras para no meter preso al que mató a Rafita por la espalda”

6 octubre, 2018 por Ulises Rodríguez / Nuestras Voces

Esta semana la ministra Patricia Bullrich insistió en Bariloche con la versión de que hubo un enfrentamiento armado de un grupo mapuche y la Prefectura, cuando las pruebas muestran lo contrario. El resultado fue el asesinato por la espalda de Rafael Nahuel. El prefecto dueño del arma asesina declaró judicialmente que “disparé al suelo”, cuando según la ministra repelía un ataque. En una entrevista exclusiva, los padres del joven Rafael Nahuel dicen “basta de mentiras, queremos Justicia”. Y recuerdan a su hijo muerto, un trabajador con ganas de tener una huerta propia.


Fotos: Ulises Rodríguez

En una visita a la ciudad de Bariloche Patricia Bullrich insistió con la teoría del “enfrentamiento” entre los mapuches y Prefectura. Consultada sobre la causa que investiga el asesinato de Rafael Nahuel por el sitio de noticias En estos días, la Ministra dijo en rueda de prensa que “en el expediente cada vez toma más forma el hecho de un enfrentamiento. Más que un enfrentamiento, un tiroteo contra los Prefectos, tanto es así que las pruebas han dado que tanto Nahuel como los otros dos (Fausto Jones Huala y Lautaro González) que bajaron de Mascardi, dieron positivas respecto a la presencia de pólvora en sus manos”.

La ministra de Cambiemos olvida por completo los 114 disparos efectuados por los Albatros en la cacería de Villa Mascardi el 25 de noviembre de 2017. Las distintas pericias efectuadas en los laboratorios de la Comisión Nacional de Energía Atómica dictaminaron que el subfusil MP5 del cual salió la bala que mató a Rafael Nahuel pertenece al cabo primero Francisco Javier Pintos.

“Ya están las pruebas, yo no sé qué más quieren ellos para que el Prefecto que mató a Rafita vaya preso. Que se hagan cargo el Juez, la fiscal, la Bullrich y el Presidente”, dice Graciela Salvo, la madre de Rafael Nahuel en una entrevista realizada por Nuestras Voces en Bariloche.

En medio de un escrache de distintas organizaciones sociales, políticas y de derechos humanos que se movilizaron en repudio a la presencia de Bullrich -que este martes participó de la inauguración de nuevas instalaciones en el paso Cardenal Samoré y de un laboratorio de criminalística para Gendarmería-, la ministra sostuvo la versión instalada desde su ministerio para justificar el asesinato del joven mapuche.

La conferencia estaba anunciada en la sede de Parques Nacionales, en pleno centro de la ciudad, pero en medio de los cánticos “olé olee, olé olaa, como a los nazis te va a pasar, a donde vayas te iremos a buscar” que se escuchaban desde la calle, la Ministra decidió resguardarse en la sede del Escuadrón 34 de Gendarmería.

En una foto donde aparece junto al secretario de Seguridad de la Nación, Eugenio Burzaco; el juez Gustavo Villanueva -a cargo de la causa del asesinato de Rafael Nahuel- y la fiscal del caso Sylvia Little, Bullrich también justificó el lento avance de la causa judicial convirtiéndose en vocera un Poder Judicial supuestamente independiente. “La justicia está trabajando con los tiempos que toman las pruebas. La prueba demoró muchos meses y eso fue lo que más retrasó esta investigación. Hubo dificultades cuando se quisieron hacer las tareas de acercamiento para analizar el terreno”, dijo.

El dolor de una familia

Días previos a estas declaraciones de Patricia Bullrich, Nuestras Voces estuvo en Bariloche y visitó en su casa del barrio Nahuel Hué a Graciela Salvo y Alejandro Nahuel, los padres del joven asesinado por la Prefectura.

En la manzana 145, la parte baja de la zona conocida como El Alto, los padres de Rafael Nahuel viven con su hijo más chico: “el gordito”. La casa es de techo bajo y está calefaccionada por una salamandra que hizo “Rafita”. Sobre una chapa una pava y una olla con agua mantienen caliente el agua de la que Alejandro se sirve para cebar y convidar unos mates dulces.

Peón de albañil y changarín sin opción, Alejandro Nahuel dice: “Lo único que queremos es que vaya preso el que mató a Rafita, el que le tiró por la espalda, ¿por qué lo mató? ¿por qué? Un pedazo de tierra no vale más que la vida de Rafita”.

Graciela Salvo pasó toda su vida limpiando casas de familias de “los kilómetros”. Una zona de clase media alta donde empezó a ganarse la vida fregando pisos desde los 13 años. A Graciela hay que hablarle de cerca para que los audífonos capten la conversación.

“Como somos una familia pobre ellos piensan que nos vamos a cansar de pedir Justicia. No investigan, nos mienten, nos dicen que Rafita estaba armado, inventan mentiras para no meter preso al que lo mató por la espalda, pero nosotros no vamos a parar hasta que el que nos mató a Rafita vaya preso”, dice Graciela con una voz frágil, entrecortada y triste.

En una parte del terreno de la casa de los Nahuel está lo que queda del Volkswagen Senda celeste que era de Rafael. El auto en el que aparece en una de las fotos más difundidas. La madre también muestra un macetero de madera que había hecho su hijo en el Centro Comunitario Ruka Che.



“Rafita era bueno para soldar, le gustaba hacer cosas con hierro. Viera las parrillas que hacía. Ahora vamos a la casa donde él vivía y le muestro”, dice Alejandro en referencia a la casita de madera que queda a la vuelta en la que vivía su hijo asesinado.

De camino a la casa de Rafael, esquivando charcos y espantando perros que se acercan a ladrar, la madre cuenta que “todo está como él lo dejó. No tocamos nada. Está todo igual”, dice la mujer sobre la humilde vivienda donde el 26 de noviembre velaron los restos de su hijo asesinado por Prefectura.

Al entrar a la casita, con una pequeña ventana que mira al fondo del terreno, se ve un chulengo que se oxida bajo la lluvia helada de Bariloche. El respaldo de un asiento trasero de un auto auspicia de sillón, una salamandra que también soldó Rafael; un televisor de tubo de 20 pulgadas, un equipo de música de los 90’, un lavarropas, una cama de una plaza y una palangana anaranjada debajo de la cama, eran todas las pertenencias del joven Nahuel.

Lo más significativo está en la pared. Un trarilonco marrón, blanco y negro (ata-cabeza): un cintillo para la frente usado por los mapuches. De lana de oveja, con diseños geométricos Rafael se lo colocaba cuando se juntaba con sus “peñis” (hermanos) en la montaña.



“Él quería cambiar de vida, quería vivir en la montaña, tener una huerta y estar con los peñis”, dice Graciela sobre las decisiones de su hijo de reconocerse en las tradiciones mapuches, en la identidad que lleva desde su apellido pero que la sociedad marca como una cruz, un estigma para los que descienden de los originarios que fueron masacrados en la Campaña del Desierto y que continúan siendo el enemigo del Estado argentino.

“Vamos a poner toda la fuerza y vamos a seguir luchando por la Justicia para Rafita. Mi señora llora por las noches y yo me mareo de tanto extrañarlo y pensar en él pero no vamos a quedarnos con los brazos cruzados”, dice Alejandro mientras la lluvia helada vuelve a caer sobre el barrio que lo vio nacer y crecer al Nahuel que ya no está.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...