expr:dir='data:blog.languageDirection' xmlns='http://www.w3.org/1999/xhtml' xmlns:b='http://www.google.com/2005/gml/b' xmlns:data='http://www.google.com/2005/gml/data' xmlns:expr='http://www.google.com/2005/gml/expr'> Apuntes sobre educación: Mempo Giardinelli, ni la autoridad de antes ni la actual ~ ¿Quién mató a Santiago?

pino

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domingo, 17 de septiembre de 2017

Apuntes sobre educación: Mempo Giardinelli, ni la autoridad de antes ni la actual

Resultado de imagen para mempo giardinelli—¿Qué importancia tuvo la Escuela en tu formación como lector?¿Qué clase de Educación Pública conociste?
—Hay una visión romántica de la escuela pública que yo sigo sosteniendo. De ahí que mi respuesta a tu pregunta es necesariamente que sí tuvo importancia, sin duda. Por lo menos hasta mi generación, casi todos los argentinos fuimos formados por la escuela pública basada en la concepción de la educación pública de la Ley 1420. O sea la educación inspirada en y por Sarmiento, quien a pesar de las barbaridades que en algún momento dijo, y a pesar de lo impulsivo, temperamental y cabrón que parece que era, yo no tengo dudas de que su pensamiento está muy por encima de todo eso. La grandeza de Sarmiento está en que él imaginó, ideó y organizó una educación pública que debía formar una nación por generaciones, y que duró más de cien años. La Argentina fue antes un Estado que una Nación y él inventó un sistema de instrucción pública obligatorio, universal y gratuito, que era igualador, integrador y asimilador de las diferencias, y por lo tanto, profundamente democrático. De esto no tengo ninguna duda.
Ésa fue la educación pública que conocí y que tanto lamento que haya sido abandonada. Los argentinos lo estamos pagando. Pero también estamos ante la oportunidad cierta de recuperar lo mejor de aquel sistema. Porque obviamente no era perfecto, toda vez que también es cierto que en esa misma escuela pública se educaron Videla, Massera, Galtieri y muchos represores. Quiere decir, entonces, que una cosa es la educación pública igualadora y democrática, y otra es cierta concepción autoritaria que también tuvieron muchos docentes argentinos y sobre la cual es fundamental reflexionar.
Hoy en día tanto en el ministerio de educación de la nación como en muchos ministerios de provincia, se discute la importancia del tema de la autoridad. Hoy muchos se preguntan cómo recuperar el principio de autoridad en la escuela, y cómo restablecer valores y jerarquías.
Este me parece que es un problema central de la educación en la Argentina: se perdió el principio de autoridad, el principio de jerarquía, que según como se mire puede ser profundamente democrático o elitista, pero entonces y por eso mismo debe ser orientado hacia la igualdad de oportunidades, la decencia y el esfuerzo creativo. Yo creo que ahí es donde falló la escuela pública argentina, porque estableció principios de jerarquía y de autoridad que fueron semillas de autoritarismo. Pero del autoritarismo no pasamos a un ponderado sistema de valores democráticos, en los que la verdadera autoridad es la del saber y el conocimiento, como debe ser en una comunidad educativa. No, nosotros pasamos del autoritarismo de la dictadura a esta especie de libertinaje seudo-democratista que hay hoy, en el que los verdaderos dictadores de la escuela pública y privada son los papás y las mamás que sobreprotegen a los hijos y desautorizan a los maestros y profesores.
Me acuerdo que yo estudiaba Derecho en la UNNE, en el año 65 o 66, y siendo un estudiante como cualquier otro, que aprobaba sus materias normalmente y sin grandes calificaciones, pero que nunca era bochado, de pronto me trabó la carrera un profesor muy oligárquico, de apellido Alsina Atienza, que venía de la UBA y de la Universidad de La Plata una vez por semana a darnos clases de Derecho Civil II. Bueno, a mí ese tipo me bochó siete veces, porque yo era militante y una vez, según él, le falté el respeto. Llegué a ser una autoridad en la materia, y preparé a toda una generación de abogados chaqueños, que aprobaban la materia mientras yo era reprobado una y otra vez. Finalmente la aprobé, pero durante un año y medio estuve trabado en mi carrera por este hombre.
Evoco el caso porque en aquel entonces uno no podía hacer nada, ahí había un discurso claramente autoritario y un estudiante no podía hacer nada. Y por supuesto, en mi familia nadie se metió en el asunto. Hoy, en cambio, supongo que yo iría a un centro de estudiantes, armaría un quilombo mediático, le haríamos un escrache al tipo sacándole trapitos al sol porque seguramente fue colaborador de alguna dictadura, mis viejos y toda mi familia irían a putear al profe y enseguida yo tendría una cátedra paralela en la cual aprobar la materia. Y bueno, yo no sé cuál es la solución pero seguro no es aquella ni la actual.
Sobre la Lectura como resistencia cultural
Diálogo con Tete Romero, para la Revista Tram(p)as, de la UNLP, en agosto de 2004.

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