expr:dir='data:blog.languageDirection' xmlns='http://www.w3.org/1999/xhtml' xmlns:b='http://www.google.com/2005/gml/b' xmlns:data='http://www.google.com/2005/gml/data' xmlns:expr='http://www.google.com/2005/gml/expr'> Debajo de cada gorra hay un pibe con su historia ~ Mensajero Digital

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sábado, 27 de mayo de 2017

Debajo de cada gorra hay un pibe con su historia

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El karma de la portación de cara y barrio en Bariloche

En la ciudad abundan los estereotipos. Y la criminalización de los jóvenes por su aspecto es producto de uno de ellos. Para las organizaciones sociales, el problema se agudizó en el último tiempo.

Por LORENA RONCAROLO


Las organizaciones sociales aseguran que cada vez se generan más situaciones conflictivas con la policía.

Desde el municipio admiten que son necesarios más gimnasios y centros culturales para los chicos.

Muchos son los chicos que se apropian de cada proyecto e iniciativa que se les propone.

Como si fuera un uniforme, llevan buzos con capucha, gorros con visera, jeans holgados y zapatillas. Deambulan por las calles de los barrios, por lo general en grupo. Se los observa con desconfianza o con actitud sospechosa y de tanto en tanto, los detienen para averiguar sus antecedentes.

La “portación de cara, la forma de vestir y el barrio” construyen una identidad negativa en una ciudad como Bariloche, donde abundan los estereotipos. Pero la criminalización de los pibes de los barrios es histórica en la ciudad.

Javier Olavarría, del Movimiento Carnavalero, admitió que muchas veces, “los pibes quedan rehenes de sus barrios. No suelen ir al centro porque son perseguidos y protagonizan situaciones incómodas. Se juntan en casas en los barrios”.

Una comerciante de la calle Mitre reconoció que “cada vez que un pibe con buzo y gorrita entra a la galería notamos que el personal de seguridad comienza a seguirlos para ver qué hacen”.

“Cuando los chicos deciden bajar al centro –acotó Cristina Martín, de la Pastoral Social Carcelaria– tenemos el ejemplo de lo que pasó en el único boliche habilitado para la gente de acá, donde terminaron golpeando a un pibe. La juventud está abandonada y desprotegida”.

Días atrás, diversas organizaciones sociales denunciaron que un patrullero se detuvo frente a un grupo de chicos que pintaba un mural en el barrio 2 de Abril. Mientras la policía cacheaba a los chicos, una maestra que circulaba por ahí se acercó hasta ellos y también algunos vecinos se arrimaron para impedir la detención de los chicos.

“Es difícil desterrar la esquematización: un joven es sinónimo de inseguridad o delito. Pero no cualquier joven: hablamos de pibes de determinados barrios, con ciertos rasgos o vestimenta. En este estereotipo, mucho tienen que ver los medios de comunicación. Y en ese sentido común instalado, también actúa la policía”, resumió Alejandro Palmas, del colectivo Al Margen.

El peor antecedente de violencia institucional se vivió en la ciudad el 17 de junio del 2010, con el asesinato de tres jóvenes. Un año después, el cabo Sergio Colombil fue condenado a 20 años de prisión por el homicidio de Diego Bonefoi pero las muertes de Sergio Cárdenas y Nicolás Carrasco, al día de hoy, siguen impunes.

Las organizaciones sociales denunciaron que la persecución de jóvenes volvió a profundizarse en los últimos meses. “Averiguación de antecedentes, detenciones de menores sin activar por horas los protocolos para notificar a las guardias del Ministerio de Desarrollo Social de la provincia –o a sus padres–, patrulleros que se detienen por largo rato frente a viviendas puntuales, golpizas en calabozos, demoras de chicos previamente al ingreso a la escuela para revisar sus mochilas”, enumeran. Y la lista continúa.

La “portación de cara y barrio” no pasa inadvertida para los jóvenes. “Conviven con mucha bronca y enojo y esto nos preocupa porque se genera un espiral de violencia. Los chicos ven a la policía y les tiran piedras, los insultan porque así lo viven. Por eso, decimos que es necesario prevenir y parar con esto hoy. Si no, alguien va a terminar lastimado”, subrayó Palmas.

A pesar de las dificultades, muchos jóvenes apuestan a vivir mejor. “Cada vez que surge alguna posibilidad de hacer cosas, se incorporan a esos espacios y propuestas, como lo fue la sala de ensayo. Muchos chicos se crían con ausencias significativas, por distintas razones. Papás que han muerto o están encarcelados. Todo esto dificulta sostener el colegio. A veces, tienen que salir a trabajar”, señaló Luis Fernández, del Grupo Encuentro.

Consideró que “los consumos –de alcohol y otras sustancias– están a disposición en cualquier esquina. Y a este combo, se suman los teléfonos y la necesidad de estar conectados. A veces, pueden acceder y otras es imposible y se meten en situaciones complicadas para llegar a tener determinada tecnología”.

Fernández consideró que “los chicos manifiestan una rebeldía natural que tenemos que entender. Es la forma de manifestar lo que están pasando. La manera en que te ven los demás, te construye una cierta identidad. Y ese estigma los chicos se lo creen. Que los pinten como pibes jodidos o potencialmente violentos. Eso en los chicos despierta cierta rebeldía, violencia”.
“Los chicos del Alto están limitados a quedarse en el Alto. Antes era de Brown para arriba; ahora, Diagonal Gutiérrez es como el límite”
Cristina Martín, de la Pastoral Social Carcelaria.
“Los más afectados son los pibes a partir de los 14 años. Muchas veces quedan de rehenes en sus barrios”.
Javier Olavarría, del Movimiento Carnavalero.

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