expr:dir='data:blog.languageDirection' xmlns='http://www.w3.org/1999/xhtml' xmlns:b='http://www.google.com/2005/gml/b' xmlns:data='http://www.google.com/2005/gml/data' xmlns:expr='http://www.google.com/2005/gml/expr'> “La pasé muy bien en todo lo que hice” ~ Mensajero Digital

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miércoles, 7 de septiembre de 2016

“La pasé muy bien en todo lo que hice”

“Hay que buscar a la gente que hace que uno sea feliz”

Carlos “Chingolo” Casalla repasa páginas de sus 90 años. El Cabo Savino, la infancia en Trenel, las enseñanzas de maestros, la decisión de radicarse en Bariloche, cómo ha cambiado la ciudad. “La pasé muy bien en todo lo que hice”, confiesa.


Pensando en los nietos. “Me gustaría que vivan entre gente normal, no apurados por la guita y eso”.

Asumido el desafío de acotar vivencias de 90 años a los límites de una entrevista periodística, Carlos “Chingolo” Casalla resume: “Nunca nadie en mi familia llegó a la clase media alta. La pasé muy bien en todo lo que hice. Sin ser estrella, ni tener títulos importantes, fui declarado ciudadano ilustre por (el libro) ‘El gran lago’, recibí el premio Domingo Faustino Sarmiento del Senado de la Nación y un homenaje en la Biblioteca Nacional. Con eso ya estoy hecho”.


Con la posibilidad de radicarse en España o Uruguay, en 1969, el creador de Cabo Savino –historieta con 33 años de permanencia (1951-1984)– y Norma Bralo escogieron esta ciudad para residir con los hijos Silvia, Patricia y Carlos. Colaborador de Editorial Columba, el dibujante recibía los guiones y enviaba las ilustraciones por correo. “Los trabajos importantes los hice de acá. Con una desventaja, no había fotocopias, mandaba originales. Fundida la editorial, cuando llegó el momento de la repartija se afanaron todo”, expresa.

“Cuando vinimos, teníamos la bicicleta, el caballo, la natación, todo a mano. El paisaje, la vida tranquila. Ahora está todo cambiado, qué triste ¿no? Pensando en los nietos, me gustaría que vivan entre gente normal, no apurados por la guita y eso. ¿Sabés cuándo me di cuenta que había otra gente? Cuando empezaron a abrir los gimnasios. Si acá uno agarra la bicicleta y va desde el Ñireco al Limay o camina, y listo”. Frente al cambio, “hay que buscar a la gente que hace que uno sea feliz”, considera.

En Trenel (La Pampa), en 1932 hubo “ceniza volcánica. No había luz, ni trenes, no podíamos sintonizar la radio, hubo suicidios...”, recuerda. “Mi vieja (Paulina Denis) lloraba todos los días, nosotros jugábamos como si fuera la playa”. Su padre, Carlos María, trabajaba para Estancias y Colonias Trenel. “Le habían dado un auto último modelo, me decía: no te llevo porque por ahí anda (Juan Bautista) Vairoleto. Estuvo formidable esa vida, nos marcó para siempre”.

Traslado laboral a la casa central de la empresa mediante “fuimos a un lugar completamente opuesto, a dos cuadras del Teatro Colón, Viamonte 877. Ahí empecé tercer grado en Caballito. Luego, el bachillerato en la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano y después, la Prilidiano Pueyrredón. Y el dibujo, enloquecido, porque siempre me gustó. Tiene que ser así, si no ¿qué hacés con el dibujo? Es una lucha mortal”, define.

El lugar, en Las Heras y Callao, era frecuentado por “Tato Bores, Geno Díaz, Cecilio Madanes. Y maestros formidables, y humildes. Te pedían permiso para poner una raya en tu dibujo. Los dos últimos años tuve a (Lino) Spilimbergo. Me toleraban como si fuera bueno. Entré a los 12 años, había tipos de 30. Era otra vida, otra Argentina, aunque nacimos todos en el mismo baldío... No me gustaba la competencia para lograr un mango más, sino para progresar. Le dije a Spilimbergo, maestro estoy interesado en la ilustración e historieta, ¿a usted qué le parece? Me dijo: m’hijo, usted haga lo que más sienta”.
“Cuando vinimos teníamos la bicicleta, el caballo, la natación, todo a mano. El paisaje, la vida tranquila. Todo ha cambiado”.

Teresita Méndez - Río Negro

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