expr:dir='data:blog.languageDirection' xmlns='http://www.w3.org/1999/xhtml' xmlns:b='http://www.google.com/2005/gml/b' xmlns:data='http://www.google.com/2005/gml/data' xmlns:expr='http://www.google.com/2005/gml/expr'> Hace 20 años Chaves le bajaba el comedor al asesino Astiz... y nos desahogaba a todos ~ ¿Dónde está Santiago?

pino

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lunes, 5 de septiembre de 2016

Hace 20 años Chaves le bajaba el comedor al asesino Astiz... y nos desahogaba a todos

Se cumplieron 20 años del día en que Alfredo Chaves se enfrentó al genocida Astíz
Alfredo Astiz en el pasado junto a Hebe De Bonafini.

ANIVERSARIO - “Siempre había tenido la duda acerca de qué actitud iba a tomar si un día me cruzaba con alguno de los que me habían torturado en El Vesubio.” La mañana del 1 de septiembre de 1995, Alfredo Chaves pudo disipar, de manera abrupta, esa incertidumbre.
El escenario fue Bariloche, en la ruta que comunica al centro cívico con el Parque Llao-LLao y el Cerro Catedral. Como cada mañana, había dejado a una de sus hijas en el colegio cuando percibió lo que parecía ser la silueta del ex capitán de fragata Alfredo Astiz, coquetamente vestido con ropa para esquiar y acompañado por una joven mujer.

Desde hacía días se especulaba con la presencia del represor en la ciudad, de hecho el Concejo Deliberante intentó hacer una declaración de persona no grata, pero cinco ediles votaron en contra, toda una señal del clima de época.
“Decidí que era indignante la presencia de ese tipo pavoneándose en la calle, con esa sonrisa que lo caracteriza, así que decidí ir a trompearlo. En realidad, pensé en bajarme, pegarle y salir corriendo. Se decía que estaba custodiado por el grupo Los Lagartos, de la Prefectura”, recuerda.
Dio vueltas con su camioneta mientras intentaba confirmar la identidad del genocida. Finalmente, dejó el vehículo en marcha a unos 150 metros, se acercó para ver si estaba armado, y preguntó:
–¿Vos sos Astiz?
–Sí, ¿quién sos vos?, le contestó, mirando de costado
“Vos sos un hijo de puta que tiene la cara de andar caminando por la calle”.
A la primera trompada le siguió una catarata de golpes y patadas que se extendió diez minutos, hasta que un conocido de Chaves intervino para separarlo.
A 20 años del hecho, Chavez señaló que no fue exactamente la golpiza en sí lo que más lo reconfortó. “Lo que más disfruté fue insultarlo, decirle que lo único que sabía hacer era asesinar adolescentes por la espalda, o tirar monjas desde los aviones, que era una traidor a la patria, que se había cagado con los ingleses.”
En pleno menemismo y con las leyes de punto final y obediencia debida vigentes, el hecho adquirió una importante dimensión política, en especial para el movimiento de Derechos Humanos. A su vez, el episodio está ligado a la historia personal del protagonista.
Chaves cursaba el último año en el colegio Carlos Pellegrini cuando tuvo lugar el golpe cívico-militar de 1976. Militante de la Unión de Estudiantes Secundarios y fundador del centro de estudiantes del Pellegrini, debió migrar entonces hacia un colegio comercial de su barrio, en Villa Ballester, y luego a otro cercano, en San Andrés.
Por su militancia, su nombre figuraba en cuanta lista negra circulara por esas instituciones. Finalizado el secundario, durante 14 meses cumplió con el servicio militar y, a poco de obtener la baja, a los 19, fue secuestrado y trasladado al centro de detención El Vesubio, donde fue interrogado y torturado con picana eléctrica.
Tras ocho meses de detención, fue liberado en la Unidad 9 de la cárcel de La Plata. Muchos de sus compañeros de militancia engrosaron la lista de detenidos-desaparecidos.
El año pasado declaró en los juicios que se llevaron a cabo por crímenes de lesa humanidad en ese centro de exterminio, y por el que fueron condenados a cadena perpetua cuatro represores, entre ellos Gustavo “El Francés” Cacivio, jefe operativo de El Vesubio.
Desde hace más de 25 años se desempeña como guardabosque municipal en Llao Llao.
Pasó de incógnito los días posteriores al encuentro con Astiz. La noticia de la golpiza trascendió, lo que lo llevó a brindar algunas entrevistas a la televisión, siempre de espaldas. Hasta que un llamado telefónico de Hebe de Bonafini lo convenció de darse a conocer. Asegura que siempre intentó que trascendiera la carga simbólica del repudio a Astiz por sobre su propio nombre, esto es, que su gesto se transformara en un disparador para otros actos de “resistencia”, como por ejemplo lo fueron los escraches que poco tiempo después comenzó a desplegar la organización HIJOS en los domicilios donde residían genocidas.
“Tengo un montón de compañeros que quedaron en El Vesubio. Lo que pretendía era dar un grito de resistencia, de levantarse, de no permitir estas cosas, los criminales en la calle eran un clavo en el zapato, había que hacer algo. Cuanto más personalizara el tema, más lejos iba a estar de contagiar a la gente en la actitud. Todo gesto de personalización te transforma en un héroe, lejos del común de la gente. Mi mensaje era que el pueblo debía agudizar la inventiva para resistir”, repasa.
El hecho ganó tanta trascendencia que los aniversarios comenzaron a celebrarse con recitales –La Renga tocó en tres oportunidades-, congresos, obras de teatro, jornadas en las escuelas, visitas de organismos de Derechos Humanos, entre otras actividades.
Hasta la BBC de Londres se acercó para interiorizarse del episodio y conocer a su protagonista. Todo ello se acabó el 1 de septiembre de 2002, cuando nueve estudiantes de la Universidad del Comahue murieron trágicamente como consecuencia de una avalancha durante una jornada de andinismo. La fecha ya no era propicia para festejos.
Veinte años después el escenario es radicalmente distinto. Astiz cumple una condena a cadena perpetua, los juicios contra militares por su participación en crímenes de lesa humanidad avanzan en todo el país y la justicia –muy tímidamente- comienza a poner la mirada sobre los actores civiles.
Tras el incidente, Astiz inició una querella contra Chaves por lesiones leves que no prosperó ya que la justicia entendió que se trató de un caso de emoción violenta. “Yo le decía al juez que no fue emoción violenta, que fue un acto de resistencia, y que lo volvería a hacer, que donde la justicia no estaba presente la justicia del pueblo se hacía sentir”, recordó. (Cordillerano)


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