expr:dir='data:blog.languageDirection' xmlns='http://www.w3.org/1999/xhtml' xmlns:b='http://www.google.com/2005/gml/b' xmlns:data='http://www.google.com/2005/gml/data' xmlns:expr='http://www.google.com/2005/gml/expr'> La inutilidad de la obsecuencia como política de Estado: Estados Unidos y la Dictadura, Malvinas y Obama. /Por Ricardo Daniel Fuentes ~ Mensajero Digital

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sábado, 2 de abril de 2016

La inutilidad de la obsecuencia como política de Estado: Estados Unidos y la Dictadura, Malvinas y Obama. /Por Ricardo Daniel Fuentes



Columna de opinión sobre el 2 de Abril del historiador Ricardo Daniel Fuentes.

La reciente visita a la Argentina del presidente norteamericano Barack Obama abrió una nueva oportunidad para reflexionar sobre el rol que cumplió EE.UU. durante la última dictadura militar. En el del día del Veterano y de los Caídos en la guerra de Malvinas, destacaré específicamente solo algunas de las numerosas intervenciones que tuvo la gran potencia y que decidieron el curso final de la guerra, tanto en su fase militar como diplomática. En este pequeño diálogo temporal vale la pena cuestionar los vaivenes de las relaciones con los EE.UU. y preguntarse por la falta de una política de Estado sobre el tema Malvinas basadas en la dignidad soberana y con continuidad por parte de nuestro país, en los sucesivos gobiernos post dictadura.

EEUU y La dictadura

En el contexto previo al conflicto en el Atlántico sur, el plan Cóndor fue el fruto inmediato de la estrategia norteamericana de intervención política y militar para promover, financiar y respaldar las dictaduras del cono sur en la década de 1970. En este sentido, el primer ensayo fue la instauración de la dictadura del General Pinochet, en 1973, que sentaría las bases del naciente neoliberalismo económico y el nuevo orden conservador a escala mundial.

El Cóndor consistió en un plan de coordinación de acciones represivas y criminales entre los gobiernos de Chile, Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Bolivia. Su objetivo fue el control, la vigilancia, la detención y los interrogatorios, la coordinación para traslados entre países y desaparición o muerte de personas consideradas subversivas del orden impuesto por las dictaduras. En suma, el plan Cóndor fue una organización clandestina y criminal conformada en Santiago de Chile, creada a instancias de la CIA y del consejero de seguridad nacional Henry Kissinger, cuyos servicios técnicos suministraron durante años capacitación y asesoramiento en métodos de interrogatorios, estudios “científicos” sobre la resistencia física y mental a la tortura, entre otros. Los militares argentinos sumaron esta vertiente represiva al aprendizaje de los métodos franceses de tortura en la guerra anticolonial argelina. Esta colaboración ofrecida por EEUU tenía su columna vertebral en la Escuela de las Américas, existente en Panamá desde 1946 y que formó en el arte de la desestabilización y la crueldad a miles de oficiales y soldados latinoamericanos con la excusa de la defensa del mundo occidental en el contexto de la guerra fría. La desclasificación de archivos en la era Clinton y particularmente desde que se descubriera por casualidad el archivo del terror en la pequeña comisaría de Lambaré, en la capital paraguaya, puso al descubierto la complicidad, participación e intervención directa de los Estados Unidos en el terrorismo de Estado orquestado por los gobiernos militares.

Con James Carter (presidente estadounidense entre 1977-1981) los intereses geopolíticos inclinaron las denuncias y condenas por violaciones de los derechos humanos hacia esta región del mundo. Esta política de democratización selectiva y pendular, condenaba a algunas dictaduras, como la de Argentina, mientras diseñaba estrategias para incrementar su influencia en medio oriente, apoyando regímenes crueles como el del Sha de Persia, política cuyo punto de inflexión lo marcó el fracasado intento por rescatar los funcionarios de su embajada, rehenes en Irán, luego de la revolución islámica de 1979.

Al asumir Ronald Reagan (presidente entre 1981- 1989) la orientación giró en un apoyo implícito y respaldo sostenido al dictador Leopoldo Galtieri. Fue durante la presidencia de Galtieri (1981-1982) que aumentarían los contingentes de “asesores” militares en Centroamérica, cuyos gobiernos combatían a movimientos campesinos y revolucionarios. Este intercambio complaciente y la “actitud favorable” del gobierno de Reagan le permitió pensar a los estrategas de la junta militar en una aventura de recuperación militar de las islas “sin consecuencias”.

Malvinas

En 1982, la recuperación de la soberanía sobre las islas Malvinas se convirtió en la preocupación central del gobierno militar por razones geopolíticas: la revisión del Tratado Antártico y la decisión final de la mediación papal en relación al conflicto del Beagle, que se presumía desfavorable para Argentina. En un comienzo el desembarco apuntaba a evitar la pérdida de la presencia argentina en el Atlántico sur y una eventual colaboración militar entre Chile y Gran Bretaña, obligar al gobierno inglés a una negociación con la presencia de la fuerza argentina en Malvinas. Sin embargo, una vez producido el desembarco, la junta advirtió de los beneficios políticos internos que generaría la campaña por la recuperación. Los militares argentinos confiaban en que el Reino Unido no entraría en una contienda bélica en territorios tan alejados y, según creyeron los militares argentinos, sin importancia para los intereses británicos. Pero principalmente confiaban en que, en caso de un enfrentamiento armado, las fluidas y sumisas relaciones que la Argentina tenía con el gobierno de Ronald Reagan serviría para, por lo menos, asegurar la neutralidad de EEUU.

En EEUU y Reino Unido la guerra estalló como lucha de facciones internas. En EEUU el enfrentamiento fue entre Reagan y su secretario de Estado, Alexander Haig, Este último más cercano a la estrategia de distensión momentánea con el bloque soviético con el propósito de reconvertir las alianzas en el cercano oriente. Reagan, en cambio, proponía una política de alianza dura contra el bloque liderado por la URSS, y consideraba a los británicos como la plataforma prioritaria de esa necesidad estratégica. Los intentos diplomáticos emprendidos por el “mediador” Alexander Haig deben entenderse en el marco de la lucha de facciones en la casa blanca y del poderoso lobby armamentístico norteamericano que reclamaba concentrar los esfuerzos en combatir al bloque liderado por la Unión Soviética.

A pesar de la proclamada neutralidad, Reagan apoyó a la premier Margaret Thatcher desde el comienzo mismo del conflicto, con un programa de asistencia militar secreto y masivo en la isla Asención. Juntos, los líderes conservadores de ambas potencias desarticularon hábilmente los intentos de solucionar por vía diplomática el conflicto. El apoyo que cosechó la causa argentina en la mayoría de los países del cono sur no impidió que la escalada militar aumentara, tal cual lo esperado por el gobierno británico como única carta de triunfo. Finalmente la presión militar crecería por cada paso que se diera en nuevas negociaciones. El tiro de gracia a la salida diplomática lo daría el hundimiento del Crucero General Belgrano por orden directa de Thatcher. Mientras el navío argentino se alejaba de la zona de combate, establecida por los propios británicos, Margaret Thatcher convenció a su gabinete de guerra de un inminente ataque de la armada argentina sobre la fuerza de tareas. La colaboración de los EEUU a la causa británica, además de lograr desarticular la salida pacífica, incluyó cuantiosa información militar tales como el mapeo satelital periódico de las bases navales argentinas, la observación de las posiciones argentinas en las islas, la ubicación de las bases aéreas, y el detalle preciso de las incursiones aéreas criollas, entre otras. Esta última también contó con los informes de inteligencia, de radar y apoyo logístico de la armada chilena, cuya colaboración con los británicos amerita un capítulo propio en la guerra.

Durante los años post dictadura, el presidente Raúl Alfonsín (1983-1989) y su canciller Dante Caputo llevaron adelante intentos de vincular el reclamo por la soberanía de Malvinas a la no injerencia y la descolonización. El ejemplo más digno en tal sentido lo constituyó el planteo cara a cara que realizó el presidente argentino a Ronald Reagan, durante una visita oficial a la casa blanca sobre la necesidad de no injerencia en la política latinoamericana, defendiendo al gobierno revolucionario sandinista de Nicaragua y comparando la ayuda a lacontra con la colaboración prestada al Reino Unido.

Un contraejemplo de política exterior soberana ocurrió con las “relaciones carnales” propuestas por el presidente Carlos Menem (1989-1999) y el canciller Guido Di Tella. ¿Cuáles fueron los frutos cosechados por la obsecuencia como política de estado? Ninguno. Argentina congeló las declaraciones a favor de sentar en la mesa del diálogo a Gran Bretaña, intentó no irritar a las dos potencias con el andamiaje jurídico de respaldo que constituyen las declaraciones en el seno de las Naciones Unidas y logró, tristemente, ingresar a la nueva guerra mundial o al “choque de civilizaciones” que anunciaba Samuel Huntington. El costo: los atentados en Buenos Aires a la embajada de Israel (1992) y la Amia (1994); y quizás, el tercer atentado con la muerte de Carlos Menem junior.

Obama:

Para algunos sectores de la sociedad argentina la reciente visita del presidente Obama abrirá un destino venturoso para nuestro país. Estas se traducirían en una oleada de inversiones, crecimiento económico, “ingreso al mundo” (del endeudamiento) y promoción turística. A no equivocarse entonces: los Estados Unidos no tienen amistades, tienen intereses y esos intereses son política de estado, más allá de republicanos y demócratas.

La necesaria bienvenida que se le debe brindar a cualquier presidente no significa entregar la dignidad por presuntas ventajas económicas contabilizadas de antemano. Obama no vino solamente ocho horas a San Carlos de Bariloche a subir una foto de la belleza patagónica a las redes sociales. También vino a cerrar los intereses en torno de abolir las legislaciones restrictivas a la ya avanzada extranjerización de las tierras, en sintonía con el reclamo de las cámaras inmobiliarias para poner a disposición de “inversionistas extranjeros” más de 20 millones de hectáreas. Significativamente, mientras el huésped ilustre se alojaba en el hotel Llao Llao, el presidente Mauricio Macri descansaba en la mansión del magnate Lewis. A la partida de Obama le siguió la confirmación del secreto a voces: el abandono o la “reducción” de los proyectos de investigación aeroespacial. Así como hace más de veinte años las presiones de EEUU hicieron que se abortara el desarrollo de vectores con capacidad de transporte civil o militar, tal el caso del cóndor 3, el fin del proyecto satelital argentino es una solicitud innegable de Estados Unidos: bajo el fundamento por el cual los gobiernos populistas realizan estos gastos onerosos que tienden a un inocultable desarrollo de la cohetería con fines militares o armamentísticos, se anula el desarrollo científico y tecnológico, como es el ejemplo del proyecto centenario, los cohetes fénix y tronador con funciones científicas, lanzados al espacio desde Chamical, La Rioja, en los últimos años.

A pesar de que en los últimos días la Comisión de Límites de la Plataforma Continental, con sede en Naciones Unidas, nueva york, dictaminó que la plataforma continental argentina se extendió 1.700.000 metros cuadrados y reconoce como territorio de disputa a las Malvinas (producto del reclamo de la gestión presidencial anterior), es dable esperar que las relaciones neo carnales entre Macri y el presidente estadounidense (cualquiera sea electo en las elecciones de los próximos meses), continúen. Conmemorar permite recordar no solo el pasado, sino los proyectos imperiales actuales, en todos sus niveles. El homenaje también requiere identificar a los responsables políticos y militares de la derrota; y mantener vivo el rechazo al orden impuesto por las potencias co-responsables de la muerte de más de 625 argentinos.



*Doctor en Historia, escritor y docente

4 comentarios:

  1. El desarrollo de satelites geoestacionarios no lleva necesariamente al desarrollo de la coheteria.

    El autor en la parte tecnológica no es solido como en la parte histórica y política. Como que hablo porque el aire es gratis.

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    Respuestas
    1. Que Daniel se limite a la historia... es exactamente al reves de lo que dijo.

      CAMBIO DE ÓRBITA PARA EL PLAN ESPACIAL AGENCIA TSS, UNIVERSIDAD NACIONAL DE SAN MARTÍN
      Por Nadia Luna

      La CONAE pasó a depender del MINCYT y desde el organismo aseguran que proyectos emblemáticos como el Tronador II y los satélites SAOCOM siguen en marcha, a diferencia de la paralización del ARSAT-3.

      Con el desarrollo del Tronador II, la Argentina está muy cerca de entrar al selecto grupo de 10 países que tienen la capacidad de fabricar un lanzador de satélites. Se trata de un proyecto que comenzó durante la gestión del Gobierno anterior, al igual que la fabricación de los satélites de observación de la Tierra SAOCOM 1 y 2. Ambos son llevados adelante por...

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  2. Tranqui muchachos seguimos en carrera por el cohete
    Conae confirma que el proyecto del cohete Tronador II sigue adelante, LA VOZ DEL INTERIOR
    http://www.lavoz.com.ar/ciudadanos/conae-confirma-que-el-proyecto-del-cohete-tronador-ii-sigue-adelante
    La Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) confirmó que siguen en marcha los diferentes proyectos que lleva a cabo este dependencia de la Nación, que tiene una sede muy importante en Falda del Carmen

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