expr:dir='data:blog.languageDirection' xmlns='http://www.w3.org/1999/xhtml' xmlns:b='http://www.google.com/2005/gml/b' xmlns:data='http://www.google.com/2005/gml/data' xmlns:expr='http://www.google.com/2005/gml/expr'> “Mientras la desigualdad sea tan obscena, seguirá habiendo violencia”. /Por Nicolás Malpede ~ ¿Dónde está Santiago?

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jueves, 15 de octubre de 2015

“Mientras la desigualdad sea tan obscena, seguirá habiendo violencia”. /Por Nicolás Malpede

“Mientras la desigualdad sea tan obscena, seguirá habiendo violencia”
Foto: INADI.

Las palabras pertenecen al poeta y cineasta César González, quien habló con ANB en su paso por Bariloche. Un típico “pibe chorro” que logró cambiar su destino.

César González dialoga con un grupo de chicos. Se desenvuelve con claridad, gesticula y cada tanto sonríe. Está distendido. De fondo, el colosal lago Nahuel Huapi. El joven poeta y cineasta está a punto de brindar una charla en la Casa Educativa Terapéutica de la SEDRONAR que funciona en Bariloche, en plena Costanera de la ciudad. Antes, habla con ANB.
César creció en la villa Carlos Gardel (Buenos Aires), lugar donde continúa viviendo. Es fanático de Racing y tiene 26 años. Es una anomalía del sistema. Un “pibe chorro” que logró revertir su destino y salir a flote, soportando duros golpes de todos los tamaños y colores. 

Estuvo cinco años encerrado en institutos de menores y en penales de máxima seguridad. Institucionalizado, con palazos y balas de la Policía, y psicólogos que lejos de darle una mano, se esforzaron para dejarle claro que por ser un ladrón villero tenía que pagar en lugar de intentar reinsertarse en una sociedad que lo discriminó desde siempre. 

Luego de transitar interminables noches negras custodiado por rejas y guardias, en 2010 recuperó su libertad. En aquel momento, su vida dio un giro radical y gracias a la literatura pudo modificar su camino que por decantación derivaba en lo peor. 

Desde esa época hasta hoy hizo mucho: publicó libros de poesía, creó blogs, dirigió cortometrajes y una película, fundó la revista ¿Todo piola?, brindó talleres de escritura y literatura en villas y colaboró en diversos medios de comunicación alternativos. 

En la actualidad, no se conforma con lo realizado y va por más. “Sigo escribiendo y llevando el arte y la cultura a los pibes marginados que sufren tanto la discriminación de este mundo”, destaca César, y se acomoda su capucha que emerge de una campera con la que intenta resguardarse del frío barilochense. 

- ¿Qué concepción tenés del arte?
- No concibo el arte como esa clásica forma de encararlo desde el ocio o goce individual. Siempre hay algo de esto, pero yo creo en el arte cuando se le da un sentido comunitario, vinculándolo con el otro, con el prójimo. El arte por sí solo no es nada. Es la nada misma. Es un objeto más del mundo que está bueno pero no me dice nada. 

La importancia aparece cuando el arte se mezcla con los pibes de las villas. Creo en un arte que se preocupe por lo estético, por lo técnico, que mantenga esencia del trabajo artesanal pero que sirva para la humanidad. El arte puede ser una medicina para aliviar ciertos síntomas. 

- Podemos decir que el arte salvó tu vida…
- Claro que sí. Sentirme artista y creador hizo que pudiera cambiar un final casi asegurado como el que tenía.

- ¿Te resulta sencillo conseguir apoyo del Estado o del sector privado para costear tus proyectos?

- Es muy complejo. La revista ¿Todo piola? no la pude seguir sacando por falta de recursos. Publiqué 16 números y hasta ahí llegué. La bancaba con mi bolsillo. Era un gran espacio. Escribían chicos de villas y de barrios populares, presos y también militantes. Trataba y trato de ser un puente para que otros puedan llegar a donde yo logré llegar. 

- ¿Ser un pibe de la villa te juega en contra para conseguir ayuda? 

- Sí, por supuesto que sí. Tengo un estigma residencial, antecedentes y un par de balazos de la Policía. Me cuesta mucho conseguir recursos en este contexto. 

- ¿Cómo considerás que es la sociedad en la que vivimos?
- El mundo está muy mal. La humanidad se encuentra agonizando. Es un enfermo terminal que se muere por su propio cáncer de odio. Vivo en una villa, donde mueren pibes todo el tiempo. Estoy rodeado de pobreza, segregación, desigualdad y racismo. Se trata de una sociedad tremendamente egoísta y maligna. 

- ¿Por qué un pibe pobre sale a robar?
- Si bien las causas son muchas, una de las principales tiene que ver con que la gente está cagada de hambre. En muchas ciudades, a cinco cuadras de una villa hay un country. Mientras la desigualdad sea tan obscena, la violencia va a seguir existiendo. En los últimos años se hizo mucho en Argentina para disminuir los índices de delincuencia, pero todavía estamos lejos de estar bien como sociedad. 

- ¿A qué tipo de violencia te referís?

- Hablo de la violencia que tiene axiomas y síntomas claros. Es una violencia urbana que no tiene que ver con la patológica y psiquiátrica. El pibe sale a robar, porque además de tener hambre, quiere tener el último modelo de zapatillas para sentirse que vive en ese modelo de vida que nos inculcan todo el tiempo. En este marco, la violencia es algo lógica. Aunque haya voluntad del gobierno nacional, cada provincia es un mundo aparte. Cuando recorro el interior del país vuelvo aterrado. Veo maltrato y pobreza extrema. En Bariloche lo que ocurre es grave. Las muertes de los tres chicos en 2010 fue tremendo. Parece que estamos en la Edad Media.
Hay un apartheid contemporáneo y urbano. Se intenta apartar a la gente de las villas. Te catalogan como el malo, el sucio, el feo y la peor basura de la sociedad. Esto genera un resentimiento de clase y los pibes también terminan robando muchas veces por odio y resentimiento. Buscan devolver un poco de toda la violencia que les meten a ellos. 

- ¿Cómo se empieza a cambiar esta situación?

- Hay que acercarse a los chicos, pero no desde una lógica tutorial y paternalista. Eso no funciona. No trae grandes cambios. Es necesario volver a lo primitivo, al encuentro entre seres humanos. Eso es lo único que va a salvarnos. Muchos necesitan ser escuchados y contenidos. Hay que darles el afecto que nunca tuvieron. 

César pudo cambiar el sentido de su destino con la clave ayuda de la literatura. Encerrado entre rejas al recibir una condena por secuestro extorsivo, además de sufrir insultos y palos de los guardias, comenzó a leer. Con admirable vocación y pedagogía, un tallerista logró que ese “pibe chorro” se sumergiera en el mundo de los libros, un lugar en el que se quedó para siempre y del que, a la luz de los hechos, jamás se irá. 

Empezó a leer absolutamente de todo. Literatura argentina, filosofía marxista y cualquier libro que estuviera a su alcance. Un día empezó a esbozar algunas palabras en una hoja. Hablaba sobre las injusticias que padecía en el sistema carcelario. Luego, llegó ¿Todo piola?, la publicación de su primer libro, sus cortos, su película y mucho más. 

“Conocí el rostro más miserable del ser humano. Le vi la cara al diablo. La cana me torturó y los psicólogos y trabajadores sociales terminaron siendo más hijos de puta que todos los guardias juntos. Estaban para ayudar, iban con una remera de (Ernesto) Che Guevara, pero no te motivaban y si no les gustaba algo que les decías te mandaban a la requisa”, asegura, y pierde la mirada por unos segundos. 

“Lo mío va a ser una rareza del sistema, porque la sociedad lo que menos espera es que el pobre sea artista. El pobre es sinónimo de salvajismo, de inculto, de barbarie. Si sos de una villa o de un barrio pobre, aunque trabajes vas a ser siempre un bárbaro al que hay que mirar mal. El pobre es inferior. Esta concepción está en nuestro ADN y en nuestro inconsciente”, dice el joven, quien encabezó la semana pasada una charla en la Casa Educativa Terapéutica, organizada por la Delegación Río Negro del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), en el marco de la III Fiesta de la Palabra de Bariloche.

“Negar lo que está ocurriendo sería tan ridículo como decir que ahí no está el Nahuel Huapi”, remarca, y señala las templadas aguas, que generan una postal única junto con los imponentes cerros, algunos de ellos todavía con algo de nieve. 

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