expr:dir='data:blog.languageDirection' xmlns='http://www.w3.org/1999/xhtml' xmlns:b='http://www.google.com/2005/gml/b' xmlns:data='http://www.google.com/2005/gml/data' xmlns:expr='http://www.google.com/2005/gml/expr'> “Su memoria se fue agigantando” . /Por Lila Pastoriza ~ Mensajero Digital

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lunes, 25 de marzo de 2013

“Su memoria se fue agigantando” . /Por Lila Pastoriza

El escritor y periodista fue asesinado y desaparecido el 25 de marzo de 1977. Aquí, Lilia Ferreyra repasa su figura, analiza el proceso por el cual se convirtió en un símbolo y define la trascendencia de la emblemática Carta Abierta a la Junta Militar.
“Pocos días antes de su asesinato, Rodolfo me dijo que si llegaba a ser secuestrado a los represores no les resultaría fácil desaparecerlo para siempre porque creía que ‘algunas cosas buenas’ había hecho en su vida. Y tenía razón. Han pasado ya 36 años y su memoria se ha ido agigantando, como también la de los miles de desaparecidos a quienes no pudieron borrar de la memoria colectiva”, explica Lilia Ferreyra, en una entrevista a propósito del 36º aniversario del asesinato y desaparición de Rodolfo Walsh, ocurridos el 25 de marzo de 1977.

–Cuando Rodolfo aludía a aquellas “cosas buenas”, ¿en qué creés que pensaba?

–Indudablemente él pensaba en las investigaciones, como la del Caso Satanowsky, Operación Masacre, ¿Quién mató a Rosendo?, en su trabajo militante en el periódico CGT y en el diario Noticias y también en su tarea estrictamente literaria, de ficción, como sus cuentos, sus obras de teatro, todas profundamente arraigadas en la historia de la época en que vivió. Y entre esas cosas buenas también está todo lo que escribió en los últimos meses de su vida... Además de Cadena Informativa, además de Ancla, Rodolfo fue escribiendo entonces los sucesivos borradores de lo que fue su “Carta Abierta a la Junta Militar”. Y también los denominados “documentos críticos” –reflexiones y propuestas internas de la organización Montoneros dirigidas a su conducción– en los que manifestaba cuestionamientos a su línea política. Hacia fines de 1976, Rodolfo sostenía que el proyecto político de Montoneros estaba derrotado, que era fundamental tratar de preservar la vida de la mayor cantidad de compañeros y, además, redefinir en términos casi absolutos el “hacer” de la “organización”. Esto, en líneas generales, es el contenido de los “documentos críticos”, cuya difusión fue un aporte importantísimo: porque aunque la conducción de la Montoneros no los tomó en cuenta, sí lo hizo la memoria colectiva en la medida en que de distintos modos se fueron difundiendo.

–Decías que, en el caso Walsh, su memoria se ha ido agigantando. ¿Cómo se ha dado ese proceso?

–Creo que no es un hecho casual, sino producto del trabajo realizado a lo largo de estos años de nuestra historia para recuperar y editar su obra y hacer conocer su vida. Ha sido un muy rico trabajo de construcción de la memoria. Pero quiero señalar que también ha generado algunas confusiones que es necesario aclarar para que, como creo, la memoria sea fiel a los hechos y a su obra. Un ejemplo es la afirmación de que a Rodolfo lo mataron por haber escrito la “Carta Abierta a la Junta Militar”, tema que siempre he tratado de aclarar y de mencionar (no sólo yo sino también sus amigos y compañeros de esa época). Sin embargo, es curioso cómo puede subsistir el error, lo cual requiere aclarar permanentemente estas distorsiones que también pueden producirse cuando, con el paso del tiempo, la memoria se traslada a nuevas generaciones. Aún hoy es frecuente escuchar la explicación de lo sucedido basada en la escritura de la Carta. Yo creo que, entre otras razones, también responde a una concepción vigente en determinados sectores de despolitizarlo. Es decir, de no reconocer que Rodolfo Walsh, además de escritor y periodista fue militante revolucionario. Y que la Carta, si bien lleva su firma, es también producto de un trabajo colectivo. Y que la fue escribiendo como militante montonero.

–Como a los “documentos críticos” que mencionabas antes y que fueron recuperados...

–Sí, esos documentos estaban en nuestra casita de San Vicente, donde fueron secuestrados por la Marina junto con otros textos inéditos. Han pasado ya más de tres décadas desde entonces y podemos decir que en parte se ha hecho justicia sobre los responsables del asesinato de Rodolfo, que han sido (aunque no todos) condenados a prisión perpetua. El hecho de que haya actuado la Justicia y existan estos fallos es otro de los logros de la lucha colectiva contra la impunidad. Aun así, hay un tema pendiente: el relativo a esos escritos inéditos que nunca aparecieron. Los que sí están, y que mencionaba antes, fueron recuperados de una manera un tanto novelesca: a fines de 1978, unos días después de llegar yo a la Ciudad de México, me entero a través del escritor Mario Benedetti de que esos papeles se encontraban en Cuba, en la Casa de la Américas, adonde los habían llevado anónimamente en un paquete. Al poco tiempo recibí ese material: eran los escritos internos de Rodolfo a la conducción de Montoneros, que reproducían los originales sacados de mi casa. Más adelante, otros compañeros los publicaron en un folleto, “Los Papeles de Walsh”, que tuvo bastante difusión. No advirtieron entonces que uno de los documentos –“Observaciones sobre el documento del Consejo del 11/11/1976”– no había sido escrito por Rodolfo sino por Horacio Verbitsky. Se trata de otra de las confusiones ya mencionadas, de un error que aunque en varias oportunidades se intentó aclarar, hasta hoy subsiste (por ejemplo, uno de sus párrafos aparece como cita de Walsh en la nota “Los verdaderos cómplices de la dictadura” (Infobae, 17/03/2013). Así y todo, en casos como éste, la confusión no es inocente y se la utiliza para desacreditar a sus compañeros de militancia. Por otro lado, en los textos escritos por Verbitsky que se atribuyen a Rodolfo, pienso que más allá de las dificultades propias de la recuperación de materiales clandestinos, también tiene que ver con que Rodolfo y Horacio conformaban una suerte de tándem en cuanto al compromiso político en proyectos periodísticos como el diario CGT y Noticias, es decir que había ya una línea respecto de contenidos y de escritura que facilitaba confundirlos.

–Una situación similar se da también con otro documento redactado por Horacio Verbitsky que se atribuye frecuentemente a Walsh, “ESMA – Historia de la guerra sucia en la Argentina”, un texto difundido clandestinamente en octubre de 1976 con información valiosísima aportada en buena medida por el soldado conscripto Sergio Tarnopolsky y el ex guardiamarina Mario Galli, ambos asesinados. Verbitsky lo incluyó en el libro Rodolfo Walsh y la Prensa Clandestina, 1976-78, junto con numerosos materiales de esa experiencia colectiva impulsada por Walsh...

–Precisamente, por pudor, porque era el primer libro que se editaba sobre Rodolfo y porque el objetivo era resaltar su rol en la prensa clandestina, Horacio incluye su trabajo sobre la ESMA, como también su ensayo sobre San Martín, sin su firma. Y así se va construyendo esta confusión. Creo que, retomando lo que antes decía yo sobre la necesidad de coherencia en la memoria y la historia, es necesario definir claramente la autoría de textos que han sido y son de importancia para el conocimiento y profundización de lo que significaron los años 70 en nuestros países.

–Entre toda la obra de Rodolfo Walsh, la “Carta Abierta a la Junta Militar” quizá sea el texto suyo que está más presente en cada argentino que lo evoque. ¿Cómo lo explicás?

–La Carta es un documento emblemático contemporáneo de los hechos que denuncia. Es un “retrato” que cala muy hondo en lo que significó la dictadura cívico-militar en el país y en las consecuencias sobre la población. Y es emblemático porque, además, toma los tres ejes fundamentales en que se basó el terrorismo de Estado: la represión sin límites, el golpe militar y la destrucción de la democracia (recordemos que ocho meses después había elecciones) y fundamentalmente el proyecto económico que hacía necesaria la represión y el golpe de Estado. La Carta tiene tanta vigencia por todo eso y porque es irrefutable. Cada línea, cada palabra, están sustentadas en su profunda ética conceptual y en el rigor de sus investigaciones.

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